En el día a día, puede ser fácil desconectarse del cuerpo y utilizar "el comer" como respuesta automática a cualquier situación, ya sea por costumbre social, estrés o aburrimiento.
Para poder identificar si se tiene hambre real o emocional, es importante conocer las diferencias entre una y otra.
El hambre real o fisiológica aparece de forma gradual, suele sentirse en el estómago y genera una ligera sensación de debilidad o irritabilidad.
Generalmente disminuye al comer y cualquier tipo de alimento puede satisfacerla.
El hambre emocional suele surgir de forma repentina y la pueden activar nuestros sentidos (vista, oído, tacto, gusto u olfato) o nuestras emociones (tristeza, alegría, frustración, ansiedad).
Generalmente se tienen antojos por cierta comida en específico y te hace terminar comiendo más o menos de lo que comerías normalmente.
Aprender a ser consciente de tus emociones podrá ayudarte a tomar mejores decisiones en cuanto a hábitos alimentarios.
Para reconocer tu señales internas puedes preguntarte antes de comer "¿Qué siento y qué necesito?" y de esta forma evaluar de dónde viene la sensación de hambre: del estómago, de la mente o de alguna emoción.
También puedes dar un paseo y realizar respiraciones profundas para reflexionar, o bien, llevar un diario emocional y alimentario: anotando cómo te sientes antes y después de comer, así como anotar qué comiste en cada caso; esto ayuda a identificar patrones o situaciones que suelen derivar en hambre emocional.
Un último consejo: muchas veces, la sed se puede confundir con hambre; intenta beber un vaso de agua antes de comer y observa si hay algún cambio en la sensación de hambre.
Recuerda que no se trata de juzgarte por comer emocionalmente sino de escuchar tus necesidades reales y responder con compasión.
Fuente: Hambre real vs. Hambre emocional, Revista Sanna, Julio 2019.
Mónica Aceves