El autocuidado te ayuda a reforzar tu autoestima y a construir una autopercepción más amorosa y coherente.
Escuchar tu voz interior te permitirá reconectar de forma interna tanto con tu imagen corporal como con tus hábitos de alimentación.
Te invito a hacerte las siguientes preguntas: ¿Cómo me siento hoy en mi cuerpo?, ¿Qué necesito para sentirme un poco mejor?, según lo que respondas busca atender esas necesidades básicas como: comer o tomar agua, descansar o dormir para recuperar energía.
Al cuidar y respetar tu cuerpo y salud, éste recibe un mensaje de atención sostenida y de amor.
Algunos hábitos que te ayudarán a cultivar una autopercepción positiva son:
Aceptación: siente tu cuerpo, observa tu postura, características y tensiones; busca elegir ropa cómoda y que vaya conforme a tus emociones en ese momento, aprecia las funciones que te permite hacer cada parte de tu cuerpo, valora los rasgos que tiene tu cuerpo heredados por tu familia y que forman parte de tu identidad.
Nutrición: come con consciencia y sin distracciones, evita reglas rígidas y dietas con prohibiciones; pregúntate qué comida te nutre, te hace sentir bien y te da energía, busca sanar tu relación con la comida y come con todos tus sentidos.
Descanso: tu valor no depende de cuánto haces, sino de cuánto te respetas; aprende a escuchar a tu cuerpo y su nivel de energía y practica el decir "no" cuando toque descansar.
La autoestima no se construye con palabras sino con acciones cotidianas. Si bien, hablar con frases afirmantes y positivas es muy útil para reforzar tu diálogo interno y autopercepción, el factor determinante que te ayudará a completar tu transformación es esta reflexión, escucha interna y conductas de autocuidado tanto físico como emocional y mental.
El cuidado interno consiste en reconectar con tus necesidades internas y realizar pequeños gestos de forma amorosa y comprometida contigo misma; una vez que lo logras esto también se refleja hacia afuera en tu imagen externa.
Recuerda que no hay mejor autocuidado que el que parte del autoconocimiento.
Mónica Aceves